Me pongo tu ropa
Tu piel oscura me espera en la cama
No estamos contentos
No es tan fácil cambiar la mirada
Nos olvidamos
Por un segundo
Que el sol afuera
Brilla solo para algunos
Felicidad
Se me escapa de las manos
Me pongo tu ropa
Tu piel oscura me espera en la cama
No estamos contentos
No es tan fácil cambiar la mirada
Nos olvidamos
Por un segundo
Que el sol afuera
Brilla solo para algunos
Felicidad
Se me escapa de las manos
Queda en tinta escrito
que no es suficiente
el intento de remendar el mundo
con hilos invisibles.
Que ese gesto silencioso
de estar siempre atenta
a sostener lo que otros sueltan
no alcanza y es sentencia.
No alcanza
Como un árbol ofreciendo sombra
Como barcos que ven la costa
y aun así deciden seguir mar adentro.
Y entonces queda escrito
que de todas las razones
y de todas las posibilidades
no te eligen.
Que entre los caminos abiertos
prefieren cerrarte la puerta
y dejarte del otro lado,
con las manos llenas de intentos.
Prefieren dejarte a solucionarlo,
como si tu amor fuera herramienta,
como si tu entrega fuera costumbre,
como si tu cansancio
no tuviera nombre.
Como si tus manos
fueran un puerto,
como si tu paciencia
fuera un puente,
como si tu corazón
fuera un faro condenado
a alumbrar para otros
sin que nadie regrese a él.
Y entonces el papel pesa.
Pesa como pesan las palabras
cuando alguien decide
que tu forma de ver, de ser
no es suficiente.
Pero los papeles
también se rompen.
También se doblan,
se pierden,
se olvidan en cajones.
Y ningún papel
—por más tinta que tenga—
puede escribir de verdad
el valor de un corazón
que nunca aprendió
a amar a medias.
Por mucho que aprieto tus manos
Me cuesta creer que aún no te hayas marchado
Me fundiré en tus labios
Se está viniendo encima la nueva fecha del día más triste de mi 2025 (o quizás el segundo), y del tuyo también.
Qué fácil sería la vida sabiendo de antemano qué es lo que se va a escribir después, pero qué inútil sería también, no serviría aprender.
En este 15 de febrero, con una nueva vuelta al verano, al otoño, la primavera y el invierno, me miro en tu espejo y como siempre, me reconozco. Y te reconozco todavía siendo familia, con esa sensación del primer día en tu abrazo que me contenía hasta las lágrimas de alegría.
Hoy camino distinto, eso sí, he podido valorarte mucho más a ti y a la relación bonita que tenemos. Con nuestra forma de amarnos y de hacer equipo.
Hoy camino distinto, con libros cerrados y el corazón abierto. Ya no hay finales de temporadas porque la historia para mí ya no tiene un final diferente que estar contigo todo el tiempo que me quede.
*
Construimos un amanecer
Aunque a veces nos costó creer